La reciente noticia sobre la donación de la actriz Elisa Mouliaá a una organización no especializada en violencia machista ha desatado una profunda indignación entre asociaciones de mujeres víctimas y sobrevivientes de violencia de género.

Un gesto que, a simple vista, podría parecer altruista y solidario, pero que al mirar más de cerca revela un problema mucho mayor: esa vivienda no ayudará a una mujer que huye de su agresor ni a una madre con sus hijos que necesita empezar de nuevo.

Y ahí es donde debemos detenernos y hacernos una pregunta clave: ¿A quién estamos donando realmente y qué impacto tiene esa ayuda?

 

Un problema estructural: cuando la forma pesa más que el fondo

Este caso vuelve a poner de manifiesto una realidad preocupante. Los fondos y donaciones que deberían dirigirse a entidades con experiencia directa en la atención a víctimas de violencia machista acaban en manos de organizaciones cuya relación con el problema es, como mucho, tangencial.

Una lógica perversa basada en el prestigio mediático y la visibilidad, no en el impacto real. Así, iniciativas que deberían ser diseñadas desde las necesidades reales de las víctimas terminan convertidas en operaciones de imagen para figuras públicas y entidades que poco o nada tienen que ver con la lucha diaria contra esta lacra.

Cuando la visibilidad sustituye al compromiso

No es la primera vez que ocurre, ni será la última si no se actúa. Se trata de un patrón conocido: entidades con buen posicionamiento público acaparan recursos, mientras que las verdaderas asociaciones —las formadas por mujeres que han sobrevivido a la violencia y trabajan a pie de calle— quedan fuera.

Estas organizaciones, nacidas del dolor y la experiencia directa, son las que conocen de verdad las urgencias del colectivo. Pero siguen siendo invisibilizadas y marginadas en espacios de decisión y financiación.

¿Qué es un testamento solidario bien dirigido?

El testamento solidario es una herramienta poderosa. Puede cambiar una vida. O muchas. Pero para que eso ocurra, hay que saber dónde poner ese legado.

Desde Somos Más trabajamos directamente con mujeres que han vivido situaciones de violencia: les damos acogida, asistencia legal, apoyo psicológico, formación y recursos para empezar de nuevo. No aparecemos en portadas, pero estamos ahí, todos los días, sin pausa.

Cuando alguien decide incluirnos en su testamento, no financia una estructura opaca ni un eslogan bonito. Está financiando refugios, oportunidades y esperanza.

Falta de transparencia y exclusión de las víctimas

Uno de los aspectos más graves de esta situación es la opacidad con la que se asignan fondos y donaciones. Mientras asociaciones con trayectoria y resultados contrastados luchan por sobrevivir, otras sin un compromiso real consiguen importantes recursos.

Esto no solo priva a las víctimas del apoyo que necesitan, sino que distorsiona la percepción pública: se proyecta una imagen de eficacia que no siempre se corresponde con el trabajo real. Y, lo que es peor, se silencian las voces de quienes más deberían ser escuchadas.

También hay un problema de fondo: la usurpación de espacios destinados a las víctimas. Se margina a las asociaciones de mujeres supervivientes en favor de entidades con más visibilidad pero menos legitimidad, perpetuando así una narrativa en la que las víctimas siguen siendo tratadas como sujetos pasivos sin voz propia.

La indignación crece, pero también la respuesta

La reacción de muchas asociaciones de víctimas ha sido clara: que los fondos lleguen a quienes están en la primera línea.

Porque cada euro mal asignado es un euro que no sirve para ofrecer apoyo psicológico, asistencia jurídica o un techo seguro. Es una oportunidad perdida. Y, en algunos casos, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

¿Qué se puede hacer?

Básicamente, actuar con sentido común. Algunas medidas esenciales son:

  • Transparencia y auditoría de fondos: garantizar que los recursos lleguen a organizaciones con trayectoria y enfoque centrado en las víctimas.
  • Prioridad para asociaciones formadas por sobrevivientes: ellas conocen mejor que nadie las necesidades reales.
  • Criterios claros en la asignación de ayudas: no todo vale. No toda entidad que hable de género está preparada para trabajar con víctimas de violencia machista.
  • Participación de las víctimas en la gestión de recursos: su voz debe ser escuchada, respetada y vinculante.
  • Educación y sensibilización: informar a la ciudadanía sobre la importancia de donar con responsabilidad y criterio.

La lucha contra la violencia machista no necesita más fotos, ni titulares vacíos. Necesita recursos bien dirigidos, compromiso genuino y respeto por quienes han vivido la violencia en primera persona. Cada donación mal orientada es un retroceso.