Discursos vacíos y hechos vergonzosos

La vicesecretaria de Sanidad y Política Social del Partido Popular, declaró que su partido no cederá “ni un milímetro” en su compromiso contra la violencia machista. Sin embargo, confirmó que el PP votó a favor de que Vox organice en el Congreso de los Diputados unas jornadas sobre “denuncias falsas” e “ideología de género”.

Lo más sorprendente, y doloroso para las mujeres que sufren esta violencia, es que no estuvieron solos: también el PSOE, que se presenta como garante del feminismo, avaló con su voto la celebración de este acto. Solo Sumar se opuso en la Mesa del Congreso.

¿Qué significa esto? Que los dos grandes partidos del bipartidismo en España han dado oxígeno y legitimidad institucional al discurso negacionista de la violencia machista, en un país donde más de 1.300 mujeres han sido asesinadas desde 2003 y donde cientos de niños han quedado huérfanos.

El Congreso, altavoz del negacionismo

Las jornadas, previstas para septiembre, se centrarán en dos ejes:

  • Cuestionar la Ley Integral contra la Violencia de Género,
  • Difundir el bulo de las “denuncias falsas”, ampliamente desmentido (menos del 0,01 % de los casos).

Entre los ponentes, figuran colectivos como el autodenominado “Observatorio de Falsas Denuncias” y activistas contrarios a la existencia de leyes específicas de protección para las mujeres. Es decir, el Congreso será usado para amplificar voces que buscan desmantelar décadas de avances feministas y legales.

¿Puede el PP hablar de compromiso mientras abre la puerta del Parlamento a los negacionistas? ¿Y puede el PSOE seguir presentándose como partido feminista mientras convalida este atropello simbólico? La respuesta es clara: no. Lo que hay es hipocresía política y traición institucional.

La incoherencia del PP: compromiso de boquilla, recortes en la práctica

El PP intenta sostener un doble discurso:

  • En Madrid, proclama que está comprometido con la lucha contra la violencia machista.
  • En los territorios donde gobierna con Vox, o necesitas sus votos, acepta recortes, elimina recursos y avala imposiciones ideológicas.

Ejemplos sobran:

  • Recortes en servicios municipales y autonómicos de apoyo a víctimas, casas de acogida o campañas de prevención.
  • Eliminación de símbolos de memoria como los minutos de silencio en plenos municipales.
  • Neutralización del lenguaje: en lugar de hablar de violencia de género, se introducen términos como “violencia intrafamiliar” para diluir la especificidad del problema.

Es una estrategia clara: aparentar moderación en el discurso estatal mientras en los ayuntamientos y comunidades se pliegan a las exigencias de la ultraderecha.

El caso de Huesca: borrar la memoria para callar a las víctimas

Un ejemplo reciente y vergonzoso se ha dado en Huesca. Allí, con los votos del PP, Vox y un concejal independiente, se eliminó el minuto de silencio que se guardaba en cada pleno municipal por cada asesinato machista ocurrido en España entre sesiones.

La justificación del PP fue que el gesto “había perdido fuerza” y que el duelo “debe ser personal, no institucional”. Una explicación absurda y dolorosa. Porque en política, los gestos importan. El minuto de silencio era un recordatorio de que cada mujer asesinada es una pérdida irreparable y un fracaso colectivo.

La reacción social no tardó:

  • El PSOE local denunció la medida como “irresponsable” y acusó a la alcaldesa Lorena Orduna (PP) de ceder a las tesis de Vox.
  • La Asamblea 8M y el Colectivo de Mujeres Feministas de Huesca expresaron su indignación, recordando que invisibilizar a las víctimas es otra forma de violencia simbólica.

Eliminar un minuto de silencio no salva vidas, pero lo contrario es aún peor: normaliza el olvido y manda el mensaje de que la violencia machista no merece un espacio de duelo institucional.

Un patrón repetido: las imposiciones de Vox

Lo de Huesca no es una excepción. Vox lleva meses imponiendo su agenda en distintos municipios y comunidades, con el beneplácito del PP:

  • En Binéfar, propusieron limitar los minutos de silencio solo a víctimas locales de “cualquier tipo de violencia”, diluyendo así el reconocimiento específico a las mujeres asesinadas por machismo.
  • En otros lugares, han exigido retirar pancartas institucionales contra la violencia de género, suprimir concejalías de Igualdad o sustituirlas por áreas ambiguas de “Familia”.
  • En Huesca, además, han presionado para recortar presupuestos culturales, como el Festival Periferias, con el mismo patrón: imponer una visión reaccionaria bajo el pretexto de austeridad.

No es casualidad. Vox ha encontrado en el PP un socio dispuesto a transigir para mantener gobiernos. Y cada concesión significa un retroceso en derechos y en memoria.

PSOE: cómplice inesperado

Lo del PP era previsible: su alianza con Vox implica cesiones continuas. Pero lo que resulta imperdonable es el papel del PSOE.

El partido que lleva años proclamándose como “el garante del feminismo institucional” ha avalado en la Mesa del Congreso que Vox pueda celebrar sus jornadas negacionistas. Su argumento es formal: que “todos los grupos tienen derecho a organizar actos en la Cámara”. Pero en la práctica, ese voto blanquea el discurso machista y lo viste de legitimidad parlamentaria.

El PSOE debería recordar que la violencia machista no es un debate de ideas, sino una realidad brutal que deja víctimas mortales cada mes. Ceder espacio institucional a quienes niegan esa realidad es traicionar el legado de miles de mujeres que han luchado, y siguen luchando, por ser reconocidas y protegidas.

Las víctimas, otra vez en segundo plano

Desde Somos Más, como mujeres sobrevivientes de la violencia machista, no podemos callar ante esta nueva ofensa institucional. Cuando vemos que en el Congreso de los Diputados se organizan jornadas sobre “denuncias falsas”, con el aval del PP y del PSOE, sentimos vergüenza, rabia y cansancio. Vergüenza porque se está cuestionando de nuevo la palabra de las víctimas; rabia porque quienes dicen estar comprometidos con nosotras nos vuelven a dejar en la cuneta; y cansancio porque parece que tenemos que justificar nuestra existencia una y otra vez.

Cada vez que una administración suprime un minuto de silencio, como ocurrió en Huesca, nos arrebata un espacio de memoria. Cada vez que un partido habla de “violencia intrafamiliar” para no pronunciar violencia machista, sentimos que intenta borrarnos. Cada vez que se da altavoz al mito de las denuncias falsas, se nos vuelve a señalar como sospechosas en lugar de reconocernos como víctimas.

Nosotras sabemos lo que significa sobrevivir a la violencia: noches sin dormir, hijos e hijas aterrados, instituciones que tardan en reaccionar, ayudas que no llegan a tiempo. Y frente a eso, que los grandes partidos decidan abrir la puerta al negacionismo no es un simple error político: es una traición a nuestra memoria y a nuestra dignidad.

Desde Somos Más lo decimos alto y claro: estamos avergonzadas de tener representantes que, en lugar de protegernos, prefieren pactar con quienes nos niegan. Nosotras no necesitamos discursos huecos, necesitamos coherencia, recursos y respeto. Y lo mínimo, lo absolutamente mínimo, es que no se juegue con nuestra voz ni se mancille la memoria de quienes ya no están.

La memoria y la coherencia no se negocian

Desde Somos Más lo decimos sin rodeos: lo que PP y PSOE han hecho al permitir que el Congreso se convierta en altavoz de Vox es una afrenta directa a todas las víctimas y sobrevivientes. Nosotras lo vivimos en carne propia: sabemos lo que significa denunciar, sobrevivir, recomponerse, criar en medio del miedo y cargar con la culpa que la sociedad nos impone. Y, aun así, vemos cómo se cuestiona nuestra palabra, cómo se suprimen gestos de memoria como los minutos de silencio y cómo se recortan los recursos que deberían garantizarnos una vida segura.

Nos sentimos avergonzadas de que quienes deberían representarnos prefieran ceder ante la extrema derecha antes que sostener un compromiso firme con las mujeres. 

Nos sentimos traicionadas cuando vemos que se blanquea el bulo de las denuncias falsas en la institución que debería ser la primera en protegernos. 

Y, sobre todo, nos sentimos hartas de que nuestra vida y nuestra dignidad sean tratadas como moneda de cambio en negociaciones políticas.

Nuestra memoria no se negocia. Nuestra seguridad no se negocia. La lucha contra la violencia machista no admite titubeos ni pactos de conveniencia. Y si los partidos que se dicen democráticos no lo entienden, lo diremos una y mil veces: no nos representan quienes legitiman a quienes nos niegan.

Seguiremos aquí, firmes y con memoria, porque Somos Más fuertes que su hipocresía, más dignas que sus pactos y más valientes que su silencio.

No nos callarán: Somos Más que sus discursos huecos, más que sus traiciones y más que el olvido que intentan imponernos.