Denunciar la violencia machista y el castigo por romper el silencio
Denunciar violencia machista no debería ser un acto heroico. Debería ser un derecho protegido. Sin embargo, para muchas mujeres, denunciar es el inicio de un nuevo castigo. Un castigo institucional, legal y social que no aparece en las estadísticas oficiales, pero que deja huellas profundas. Ese castigo tiene nombre: contradenuncia. Cuando una mujer denuncia, algunos agresores responden como saben hacerlo: atacando. No desde la fuerza física (no esta vez), sino desde el sistema judicial. Acusándola. Cuestionándola. Invirtiendo los papeles. Utilizando la justicia como arma para seguir ejerciendo control. Y demasiadas veces, el sistema se lo permite. De víctima a sospechosa en un solo trámite Basta una contradenuncia para que la mujer deje de ser leída como víctima y pase a ser tratada como parte de un “conflicto”. Se habla entonces de “denuncias cruzadas”, de “versiones enfrentadas”, de “problemas de pareja”. El lenguaje se vuelve aséptico. Neutral. Falsamente equilibrado. [...]









