No era una niña. Era una mujer adulta con discapacidad intelectual. Y su padre la mató.
No era una niña. Era una mujer adulta con discapacidad intelectual. Y su padre la mató. No es un matiz. No es un detalle secundario. No era una niña. Era una mujer de 30 años, con discapacidad intelectual, asesinada presuntamente por su padre en el domicilio familiar. Y el error, repetido en muchos relatos mediáticos, no es casual: cuando una mujer tiene discapacidad, se la infantiliza, se la despoja de su condición de adulta, de su autonomía reconocida, de su estatus como sujeto pleno de derechos. Ese borrado no es inocente. Es estructural. Y también es violencia. Violencia intrafamiliar… y capacitista No estamos ante violencia de género en el sentido jurídico estricto. Tampoco ante violencia vicaria. Estamos ante violencia intrafamiliar, atravesada además por capacitismo, por una relación de poder extrema donde confluyen: La autoridad parental. La dependencia funcional. La desigualdad cognitiva. La convivencia forzada. La ausencia de apoyos adecuados para la vida [...]








